¿Para qué sirve estudiar?

Pasé la Navidad en casa de la familia política de mi hermano.
Ellos simpatizan y militan con la derecha, son católicos creyentes y una familia muy unida con quien llevo una relación amigable.

Como no conozco a casi nadie y soy un par de generaciones más joven, me senté (o me sentaron) -casi por inercia- junto a la más pequeña de las cuñadas de él, una chica de unos 20 años llamada Natasha.

Natasha me cae bien aunque se poco sobre ella.
Sólo sé estas cosas: vive con sus padres en un pueblo mediano, se le protege y exige de ella en el hogar, es una gran niñera para todos los niños de la familia, y estudia Nutrición.

Esto último es naturalmente el tema de conversación que puedo tener con ella, entonces, le pregunté cómo iba en su carrera.

Su respuesta me sorprendió: quería abandonar la carrera porque no le gustaba.
Me sorprendí no porque me espantara que alguien quisiera abandonar su carrera, yo abandoné dos antes de encontrar mi escuela de cine ideal y me parece que todos tienen el derecho a cambiar de opinión y ejercer una búsqueda.
La sorpresa fue más bien porque yo pensaba equivocadamente que esa carrera le gustaba.
También porque veo esa inquietud como un desplante de rebeldía inusual en ella.
Y también porque no esperaba esa respuesta tan directa cuando ella estaba sentada junto a su padre -a un asiento de mi- y podía escuchar toda nuestra conversación. De hecho, cualquiera podía escuchar esa conversación, mi hermano incluso intervino en ella para burlarse un poco. 

Debo confesar que me dio gusto que lo dijera de esa manera tan franca.

Pero, cuando seguimos platicando mi gusto se convirtió en preocupación.

La pregunta típica de un adulto a un adolescente: ¿Y qué te gusta?

Nada, respondió.
Probablemente también sea la respuesta típica. No lo se con certeza.

Debe haber algo que te guste. Algo que puedas hacer todos los días y no te duela o lo consideres un sacrificio.
Nada, volvió a responder.

Me dijo que quería ser ama de casa, podría serlo sin problemas.

Yo le dije que eso no tenía nada de malo, que nuestra sociedad ahora cree que le puede decir a todo mundo lo que debe ser. Luego le pregunté por qué se metió a estudiar Nutrición y me contó que su padre quería que estudiara medicina, pero ella se negó y mejor entró a Nutrición.
Estudiar medicina le daba flojera.
Pero, no la dejan salirse de la carrera y ella cree que tiene una responsabilidad porque se ha gastado mucho dinero en ella. 

Y aquí llegué al meollo del asunto:

¿Con qué fin uno se mete a estudiar y va a la Universidad? 

Para ganar dinero, fue la respuesta.
¿Es esta la respuesta que te daría la mayoría de los jóvenes?

¡Error!, uno no estudia para hacer dinero, las Universidades no fueron fundadas con ese fin. El fin del estudio, una carrera, entrar en la Universidad es la de enriquecerte como ser humano, enaltecer el espíritu, conocerte a tí misma. 
La noción de que todo lo que tenemos que hacer en el mundo es productivo únicamente cuando te otorga dinero está equivocada y es un problema fundamental de la sociedad que hace a la gente vacía en infeliz. El dinero es un medio, no un fin. El fin es el crecimiento del espíritu y el entendimiento del entorno y nosotros mismos. 
Si, por ejemplo, alguien escribe un ensayo sobre su visión del mundo lo primero que le pregunta una persona de mentalidad limitada es "¿cuánto dinero ganaste con ello?", si contestara que no obtuvo nada, ese ensayo inmediatamente será categorizado como algo sin valor, aunque encerrara grandes verdades. 
Estudiar es un escape introspectivo que te ayuda a tí misma. Lo menos importante es el dinero, ese llega por añadidura. 

Pero, el dinero es muy importante, me respondió a la defensiva, te ayuda a moverte.

Si, por supuesto que es importante, pero es un medio, no un fin.
Debes trascender y buscar la manera de poder pensar fuera de tus esquemas de siempre para crecer.

Ella tuvo que levantarse a ayudar en la cocina.
Yo me quedé sentado.

Cuando sirvieron la comida, sentaron a mi sobrina de cuatro años en el lugar de Natasha, y a Natasha junto a su padre, a tres asientos de mí.

No pude seguir hablando con ella, pero le prometí un regalo de Navidad: un libro que creo podrá ayudarle.

Yo no he terminado aún.

La rebeldía no sirve de nada si no se encamina. 









Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Mario Hernández, uno de los desaparecidos de Guanajuato.

"Cruzazulear", una idea operante dejó de existir.

Sobre los apologistas de Porfirio Díaz