Reflexión sobre el cine como bien cultural de la nación, la unión del gremio y la crisis del FIDECINE

Actualización a las 22:07 h. del jueves 21 de mayo de 2020: el diputado Sergio Mayer ha twitteado que el FIDECINE no desaparece y que un video de toda la sesión será dado a conocer.
Sin embargo, considero la reflexión trasciende la crisis y no la modificaré. Gracias.


Un día después de la alegría de al fin poner punto final a la primera versión del guión cinematográfico para largometraje que sueño con hacer, se informó que los senadores Mario Delgado y Dolores Padierna del partido Morena presentaron una propuesta de ley para desaparecer el FIDECINE, a grandes rasgos un fondo para la producción, distribución y exhibición de cine de calidad. Una traición al proyecto de izquierda y a lo prometido en campaña, de prosperar, nos sumaremos nuevamente a uno de los gremios traicionados por la 4T.

Segundos después de finalizar de escribir, el disfrute de hacerlo se convirtió en ilusión de filmar, pero horas después, al recibir la noticia, todo ello se denigró en frustración e incertidumbre. Si de por si, ya la había.

Esto supone una crisis para el gremio de los cinematografistas mexicanos, ya que la mayor parte de la producción en México depende de fondos y fideicomisos del gobierno, miles de personas viven de esto al no haber una industria verdadera que se sustente; situación que fue causada cuando se firmó el TLC y se redujo la exhibición de películas mexicanas a un nivel nimio, esto contribuyó a darle un golpe casi mortal al cine mexicano que, con el paso de las décadas, se ha podido sacar adelante mediante logros y victorias como estos fondos.

Sin embargo, y como todo sistema tiende a viciarse, aunque se han producido muchísimas películas de una enorme calidad cinematográfica, que han sido reconocidas en festivales internacionales y han dejado una huella importante en quien las hemos visto, este sistema no ha estado libre de prácticas endogámicas (no corrupción en el sentido burocrático y técnico) y criterios dudosos y excluyentes. Además, en México vivimos una realidad práctica, alimentada durante medio siglo, que termina por afectar la forma y contenido de las películas: la gran mayoría de la producción se centraliza en la Ciudad de México, ocasionando de manera natural que un grupo de personas, de manera muy orgánica -y, quiero pensar, no maliciosa-, sean beneficiarias de los fondos y programas; con honrosas excepciones y el reciente trabajo de IMCINE e iniciativas independientes por descentralizar poco a poco, con iniciativas para llevar el arte y educación en cine al interior de la República e incluso a comunidades marginadas. Estas iniciativas muy celebrables, aún son insuficientes.

Aunque la mayoría de los que integran este gremio no pensemos de esta forma, esta tradición nos ha llevado a una suerte de elitismo cinematográfico, similar al de las elites empresariales que encuentran en su cúpula su zona de comfort, a costa de los empresarios medianos que, aunque vivan en la precariedad y vulnerabilidad, preferirán apoyar las causas de la oligarquía porque la miel derrama para ellos, aunque acabar con las prácticas monopólicas sea, a la larga, más benéfico y de certidumbre a su trabajo.
Nosotros repetimos este status quo, este estado de las cosas porque nos hace sentir cómodos, aunque pueda haber una mejor realidad.

Merecemos más.

El punto central en este contexto es que realicé un pequeño ejercicio de opinión en mis redes sociales y por teléfono. A través de las personas que discutieron conmigo y expusieron sus temas llegué a unas conclusiones muy interesantes.

Primero, el cine y todo arte son bienes públicos, patrimonios culturales de un país y de la humanidad, en ese sentido debemos protegerlo del punto de vista capitalista neoliberal de querer desaparecer una fondo porque el cine que se hace con él no reditúa. Pensar esto es un error gravísimo que podría entenderse si viniera de una propuesta política de derecha, pero es imperdonable si viene de la izquierda.
Todo el arte le ofrece al ser humano una oportunidad de soñar, reflexionar y mirar más allá de lo evidente, de creer que otra realidad es posible y cuestionarla. Si la política gubernamental es ver las películas desde el punto de vista exclusivamente monetario se perderá algo muy importante y comprobaremos que el objetivo es que la gente no piense, sino que el cine responda al mercantilismo.
No hay cosa más neoliberal.
Por ello, la importancia de que el gobierno financie cine sin miras comerciales, como cada país desarrollado.

Segundo, desde hace muchos años existe una muy entendible división y gran encono que NO ha sido promovida por López Obrador ni la 4T; esta división es entre los que lo tienen todo y los que no tienen nada. ¿Te suena familiar?, es el estado del país, pero también es el estado de nuestro cine, dividido entre la endogamia que tiene los medios para ser financiada y los independientes que hacen cine con las uñas.
Será duro leerlo, pero la endogamia ha aprovechado las condiciones estructurales para establecer criterios, tendencias y modos de pensamiento que han mantenido para conservar el financiamiento de sus proyectos, esto ha causado una gran irritación en los creadores menos favorecidos que ha llevado a un educado desprecio de todo lo que entre si hagan, aunque sea de gran valor.
Hay una gran animadversión entre sí alimentada por ambas facciones, no hay unión. 

Esta zona de comfort nos ha impedido organizarnos para exigir y lograr mejores condiciones de exhibición, pensar maneras de llegar masivamente al público y hacer un esfuerzo en hacer cine de calidad que conecte con este, como hay muchas películas, incluso mexicanas, en la historia que juntan ambas cualidades y se convierten en clásicos bienamados por la gente.

No nos equivoquemos, las grandes exhibidoras y la Motion Picture Asociation of America, aunque son monstruos enormes que parecen indestructibles, no son la única razón por la que el público no ve cine mexicano, también es porque estamos muy cómodos con ese estado de las cosas: recibimos dádivas, vivimos de ellas, nos aplauden o nos critican y hacemos lo necesario para obtener la siguiente dádiva. Todo queda en familia.
Por eso la gente no está de nuestro lado ahora, piensan polarizadamente que los cineastas mexicanos somos una especie de zánganos que producen o churros o cine demasiado elevado para entender, esto me parece increíble, con toda la capacidad que tiene el cine para conectar con la gente, ¿por qué no hemos podido hacerlo?, a todo mundo le gusta una historia bien contada, ¿por qué la gente no está de nuestro lado?.
Creo que es porque la forma práctica en la que se maneja nuestro cine no permite que demográficamente conectemos y ofrezcamos un cine que en verdad pueda ser una industria que sustente tanto el cine con altas pretenciones (en el mejor sentido de la palabra) como el comercial. El cine "de arte" se debe al comercial en este sentido y creo que es una realidad que los creadores de alcurnia han pasado por alto durante muchos años.
El gran público no se siente representado o interesado, las monstruosas exhibidoras no quieren proyectarnos y no tenemos suficientes herramientas para exigirlo.

Esta animadversión con el público general y entre nosotros mismos es el divide y vencerás que nos debilita para defender y fortalecer nuestro cine.

Lo que propongo ahora con urgencia es que olvidemos las animadversiones y hagamos un pacto de unión, una tregua, para rescatar los fondos cinematográficos a los que tenemos derecho todos, no solamente como trabajadores del cine, sino como pueblo de esta nación que merece producción artística para no caer en el estado mental de la esclavitud. Repito, es urgente. Por ningún motivo podemos aceptar que nos pongan a pelear entre nosotros por lo que es patrimonio de la nación, la cultura, antes que cobrar impuestos progresivos a las elites económicas. 

Después, y solo después de resuelta esta crisis, debemos usar la unión que habremos de tener para construir entre todos una verdadera industria cinematográfica incluyente de todos los creadores, con reglas claras, condiciones laborales dignas y retorno de inversión que sustente el trabajo de todos, con fondos y becas que no excluyan y fomenten la diversificación y descentralización de los proyectos que no estén pensados para tener un retorno de inversión.
 
Los gobiernos siempre querrán controlar el pensamiento, por ello, no es posible ni aceptable que la cinematografía de un país pueda desaparecer de un plumazo a capricho del gobierno en turno; esta ha sido nuestra condición desde hace décadas y es bueno que lo veamos ahora.

Si nosotros queremos, a través de esta crisis podemos ver la fuente de nuestros problemas sistémicos y trabajar en resolverlos por y para todos.
Esta vulnerabilidad no puede volver a fomentarse, tenemos que blindarnos y para ello, después de rescatar al FIDECINE, debemos llegar a acuerdos y modificar el status quo.


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